mitos y leyendas
Mitología griega
El Olimpo
Según cuenta la leyenda, los griegos imaginaron que en el Olimpo, las
más altas de las montañas de Grecia, estaba la mansión de los dioses. La cima
de este monte estaba siempre nevada y emergía por encima de las nubes un
extraño brillo.
Cuentan que un portón de nubes
custodiado por dos estaciones, permitía el traslado de los dioses desde el
cielo hasta la tierra.
Cada uno de los habitantes de la
mansión celestial tenía una vivienda
propia, pero al ser convocados por Zeus, todos debían acudir al palacio allí
discutían los asuntos del cielo y de la tierra, mientras saboreaban el néctar y
la ambrosia que eran los alimentos divinos
Si bien no todos tenían el mismo poder, ninguno de ellos poseía
autoridad sobre los demás: nadie deshacía lo que el otro había hecho. Solo se
imponía la soberanía de Zeus.
Se decía que al mínimo movimiento de las cejas de sus cejas, temblaba el
Olimpo.
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| Olimpo |
Pero el destino, divinidad ciega, hijo de caos y de la noche, escapa a
su voluntad: ni con todo su poder Zeus podía alterar lo que el destino había decretado.
Los dioses pasaban sus días en
festines y deliberaciones, mientras Apolo- el dios de la música los deleitaba con
su lira y las musas-divinidades del arte con el canto sus melodías.
Cuando se ponía el sol, los dioses se retiraban a sus aposentos de
bronce, la noche llegaba, y el Olimpo se cubría de sombras.

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